8 de julio de 2018
El “Negro” abandonó el fútbol, se despidió de Alumni Azuleño marcando un gol y aceptó la propuesta de Roberto Nanni para acompañarlo en el cuerpo técnico del plantel Sub 19 de Cerro Porteño de Paraguay. Antes de tomar la ruta para dirigirse a Asunción, a mitad de semana de la Canal habló con EL TIEMPO sobre el nuevo ingreso al profesionalismo y la serena aceptación del final de su camino como jugador: “Me terminé de convencer que no tenía que demostrarme nada, y al club tampoco”.
De la Canal en el Estadio General Pablo Rojas, la “Nueva Olla” de Cerro Porteño. El “Negro” se suma a la entidad blaugrana de Paraguay. GENTILEZA AGUSTÍN DE LA CANAL
Por Silvio Randazzo.
Todo aquello que, entre cierta lógica y un poco de prejuicio, uno le propone como asunto difícil de zanjar desde lo emocional, como obstrucción del fluir de la felicidad, como factor propiciador de pesar, Agustín de la Canal desaira con suficiencia, imponiendo eso que el llama “la otra mitad del vaso vacío”. Quizá en ese carácter, en el uso de ese filtro para abordar las experiencias escasamente cotidianas, podamos hallar indicios que expliquen algunas decisiones que el “Negro” ha tomado a lo largo de sus 37 años: cuando con 16 años viajó a Buenos Aires convencido de que el destino que necesitaba construir era el de un jugador de fútbol profesional; cuando aceptó que el profesionalismo ya no tenía su nombre en agenda; y ahora, cuando nuevamente arma valijas y recobra la ruta en pos de vérselas de nuevo con el profesionalismo, ya no como jugador, sino como entrenador, junto con Roberto Nanni (que lo convocó), del plantel Sub 19 de Cerro Porteño de Paraguay.
De la Canal habla de “chip”, un inasible artilugio que asegura disponer a capricho y al cual recurre en coyunturas especiales. Ese chip le permite anular el sentimiento nostálgico cuando impera la necesidad de envalentonarse con los anhelos de un porvenir grande en el fútbol. El chip, confirma Agustín en la charla con EL TIEMPO –el martes por la noche, menos de 24 horas antes de partir hacia suelo guaraní– es el que le posibilita “poner el foco en lo que voy a ganar y en todo lo que deseo para poder autosuperarme como persona”.
De su retiro del fútbol como jugador, de su amor por Alumni, de las implicancias (luminosas y a contraluz) que le significó la apuesta profesional, del proyecto en Cerro Porteño y de cuando Pablo Aimar fue imparable para sus “prácticas” defensivas, en el siguiente reportaje con de la Canal.
–El convite del “Flaco” es bastante peculiar, es una invitación a trabajar en Paraguay, no a 50 kilómetros de tu casa. ¿Dónde radica la mayor atracción: en la posibilidad de futuro profesional, en Cerro, en trabajar junto con un amigo?
–Un poco de todo. Yo sé que esto es el comienzo de algo, lo siento adentro. Por otro lado, siento que el fútbol me está esperando con una nueva satisfacción. Y si bien, como te decía, como futbolista me quedé con ganas de más, siento como entrenador tengo la revancha y que el fútbol me está abriendo las puertas para hacer algo importante. Lo siento.
–Ya mañana salís para Asunción. ¿Qué certezas tenés de lo que va a ser tu vida durante las primeras semanas en Paraguay?
–Me pidió que llevara algunos trabajos para empezar a plasmarlos en esta sub 19, fundamentalmente en la parte defensiva y media. Llevo algunos que los bajé a la computadora que si bien no me familiarizo mucho, la idea es tratar de ir tal cual el deporte y la tecnología lo marcan, la forma moderna de empezar a ver el fútbol. Son copias y formatos parecidos a los que me tocó vivenciar y, asimismo, de lo que uno puede llegar a ver de los grandes inspiradores que tiene el fútbol moderno hoy: ya sea Guardiola, ya sea “Cholo” Simeone, varios entrenadores que vuelcan sus cosas en Internet.
–¿Cuándo asumen?
–El equipo todavía está a las órdenes del entrenador de turno, todavía el torneo no terminó. Queda una fecha por delante, la del fin de semana, nosotros vamos a estar ahí. Queda proyectar la pretemporada, y a partir de ahí empezaremos a tener contacto con el equipo.
“No me debe nada”
–Decías recién que te quedó algo pendiente como futbolista. ¿En qué etapa localizás esa aspiración no materializada?
–Me hubiera gustado afianzarme y ser un jugador de Primera A durante más tiempo. Tuve la posibilidad de debutar en Primera con 18 años recién cumplidos, la expectativa y la vara eran bastante elevadas. Después, por lesiones que tuve y por la realidad del club en el que me tocó debutar, que económicamente se vino muy abajo.
–¿Era Ferro ese club? ¿En qué año se produce tu debut?
–Sí, fue Ferro. Debuté en el 98 con “Cacho” Saccardi como entrenador. Me apadrinó, tenía una excelente relación. Para esa fecha yo estaba en la Quinta, así que imaginate la ansiedad y las ganas de debutar que tenía, siendo tan joven. No todos tenían esa posibilidad.
La peleé en el Ascenso, que es hermoso, gracias a este deporte viajé a un montón de lugares que quizá no hubiera podido conocer, así que…en realidad no me debe nada el fútbol. Sí, obviamente, me quedé con ganas de más yo, por como soy de autoexigente.
–¿Qué recordás del debut en Ferro?
–La primera vez que firmé planilla fue ante Argentinos Juniors, de local. Estaba a punto de entrar y terminó el partido (risas). Una ansiedad y unos nervios…un clima ideal, en la cancha de Ferro, noche de noviembre.
–¿Jugabas de defensor?
–No, “Cacho” me usaba de volante. En ese momento tenía una contextura física y estaba tan bien que él me ponía de volante de proyección. ¡Tenía unas ganas que me rebalsaba!
A la fecha siguiente jugamos contra Gimnasia de Jujuy, tuve la oportunidad de viajar en avión, con traje… Tenía de compañeros a Chaparro, Mac Allister, Hugo Guerra, que falleció hace muy poquito, grandes jugadores. Estaba Moya también, y yo al ser hincha de Boca, de pronto al encontrarme que a los dos años de estar en Buenos Aires estar jugando con jugadores que yo veía por televisión, era algo increíble. Me acuerdo de esos momentos y tomo dimensión de lo que estaba viviendo.
–¿En la “Tacita del Plata” pudiste jugar finalmente?
–Sí, ahí jugué, debuté en Primera. Ganamos 3 a 2, un partidazo, un televisado nocturno. ¡Entré de enganche! Todo muy loco lo mío. Después, me acuerdo en el 99, que hubo problemas con algunos jugadores que no les pagaban contrato, que rescindían, estábamos al borde del descenso y empezamos a jugar con chicos del club. A Chaparro le rescindieron el contrato y terminé jugando con la 10. Cuando debuté tenía la 33, y al otro año, en el 99 me quedó la 10. ¡Una locura, fui el último 10 de Ferro en Primera! Cuando me gastan y me dicen que soy rústico, yo les recuerdo eso.
Tengo unos recuerdos hermosos. Tuve el grato mensaje de Maxi Velázquez, con el cual tengo una gran amistad, de haber vivido juntos en pensión. Estuvo siguiendo todo esto de mi despedida y me estuvo felicitando por la carrera; imaginate que un pibe que triunfó como lo hizo él, ha tenido esas palabras para conmigo. Igual que el “Pupi” Salmerón, hoy hablé con él. Eso te deja el alma llena.
El otro lado de lo que brilla
–Mucho de todo esto último que contás, es la parte más luminosa en tu película y en la de muchos chicos que llegan a la Primera. Pero siempre hay un trasfondo: ¿vos qué relegaste para ser jugador profesional?
Cuando me fui a Ferro tenía 16 años; jugué en Sexta, al otro año Quinta y finalmente Primera. Se relega el contacto permanente con la familia…
–En ese momento llevabas una vida sin demasiados sobresaltos…
Sí, normal, un pibe más. Iba a la escuela, jugaba en Séptima pero ya me había hecho debutar en Primera el “Laucha” García. Y lo que te saca el fútbol es eso, no poder disfrutar la promoción con tus amigos, cuarto y quinto año yo lo hice en un nocturno en Buenos Aires, con gente más grande. Perdí el contacto cotidiano con mis padres, con mi hermana, con mis amigos; soy muy familiero, pero siempre tuve en la cabeza, muy firme, el hecho de triunfar en el fútbol. Vengo de fábrica con chip que me pongo cada vez que quiero tratar de no meterme en la nostalgia por lo que uno pierde, sino poner el foco en lo que voy a ganar y en todo lo que deseo para poder autosuperarme como persona.
-¿Es el mismo chip que te pusiste ahora?
Sí, es el mismo. Lo tenía guardado en los archivos de cuando me iba a Ferro, que se me caían las lágrimas desde mi casa al Cristo y una vez que agarraba la ruta, decía “a ver, ¿el lunes qué tengo que hacer?”. Y listo. Iba con la angustia del último abrazo de mi vieja, que siempre fue la que más lo sufrió (por todo lo que siempre siente una mamá por su hijo), y una vez que agarraba ruta sacaba la nostalgia y ponía el objetivo en el hambre por seguir triunfando.
–¿Tu familia y demás afectos alientan esta nueva aventura? O están buscando a Nanni para pedirle explicaciones?
–(risas) Capaz que lo deben estar maldiciendo un poquito al “Flaco”.
Me acompañan, no les queda otra. Es real que quizá pensaron que la etapa en el fútbol grande se había terminado, pasaron sólo cinco años desde que volví y ahora se presenta esta posibilidad. Y que me vuelva a ir es, seguramente, un nuevo golpe para ellos. Yo siempre les hablo y les remarco que siempre hay que tratar de mirar la parte del vaso lleno.
–¿Cuál es la última foto que te llevas del Emilio S. Puente?
–Y…la sensación del gol…¡se hacía el goleador el tipo! Se dio todo redondo, poder retirarme convirtiendo un gol para darle los tres puntos a mi equipo. En la arenga, y no para hacerme el ídolo, les dije que de todas las camisetas que me tocó defender, la que más me ha gustado, sin dudas, es la de Alumni. Es mi camiseta, es mi club, soy hincha de Alumni.
Quizá por haber vivido el fútbol desde el lado profesional, no te encariñás con los otros clubes. Sí los defendés con uñas y dientes, pero nada tiene el gusto de poder defender, como me tocó en estos últimos cinco años, la camiseta de Alumni. Soy ponzoña de sangre.
–¿Verdolaga no tanto?
–No, no. Me acuerdo mucho, me pone contento cuando gana y todo, pero no.
–¿Jugaste contra Boca estando en Ferro?
–Con Boca jugué en Reserva, en Primera no. Sí jugué contra River en Primera, contra Newell’s, contra Gimnasia de Jujuy, contra Argentinos.
–Y siendo xeneize, ¿ese partido contra River cómo lo tomaste? ¿Jugaron en Caballito?
–Fue en Vélez. Ferro era local y lo sacaron por el tema de la recaudación. Explotaron la cancha las gallinas. Fue muy lindo, me tocó justo en un momento en que era muy pibe, tenía 19 años y la experiencia para afrontar semejante partido no era la ideal. Me di el lujo de jugar en Primera contra River en una cancha que explotaba. Tengo lindas anécdotas para, algún día, contarle a mi familia o cuando tenga hijos.
–¿De ese día recordás alguna?
–Hay una de la que siempre me chicanean los hinchas de River. Lo manoteo del hombro a Pablo Aimar en la mitad de cancha, él toca la pelota hacia la derecha, era una contra y yo lo camiseteo. En el relato Araujo dice “¡Cómo lo viene agarrando De la Canal a Aimar!”. Como vi que la jugada…dije “este no llega ni loco” y lo solté, y ¡Aimar iba en el aire! Hizo tres o cuatro zancadas hacia el arco y la terminó empujando al gol. O sea, tocó afuera, la fue a buscar y se tiró con la plancha hacia adelante y nos hizo el gol. Si fuera hoy lo trillo en la mitad de la cancha (risas). Para que todos se acuerden: “¡Qué linda patada le pegaste a Aimar!”. Pero, bueno, lo solté.
La última vez en el Emilio S. Puente, el domingo pasado: “Nada tiene el gusto de poder defender la camiseta de Alumni”. NACHO CORREA
“EL MOMENTO PERFECTO”
–¿Qué sensaciones son las que más se repiten desde el domingo pasado cuando caes en la cuenta que ya no vas a jugar más en Alumni?
–Lo dije en la arenga antes de empezar el partido, lo que yo siento es que ya di todo lo que tenía que dar. Eso es una satisfacción interior. Pensé que iba a ser la arenga más difícil de mi vida y terminó siendo la más fácil, porque me di cuenta que más allá de que futbolísticamente me quedé con ganas de un poco más, me brindé completamente y di el cien por ciento en cada partido que me tocó jugar, cualquiera haya sido la camiseta que defendía. Eso me da la tranquilidad de sentir, y estoy convencido, que este era el final.
–Más allá de sentirte convencido, ¿hasta dónde tu retiro ha sido precipitado por el ofrecimiento de Roberto?
–En realidad, antes que culmine el torneo pasado, que perdimos la final con Piazza, ya tenía más o menos definido. Obviamente era el broche de oro poder retirarme campeón. Al no haberse podido lograr el campeonato, era una especie de revancha: tratar de ir por el campeonato. Pero al darse esta posibilidad, que es una posibilidad única que se me presenta en la vida, y al terminarme de convencer que no tenía nada que demostrarme ni al club tampoco, al haber recibido tanto afecto (tanto en la fiesta del viernes como cuando me entregaron la plaqueta en la cancha), me doy cuenta que este es el momento perfecto para terminar.
–¿Qué matices tuvo este primer lunes como ex jugador?
–Como te decía recién, tranquilidad. Hoy fui al entrenamiento al ver a mis compañeros…mis ex compañeros y me sentí…disfruté de tomar unos mates, de estar mirando la práctica. Ya tengo la cabeza en el objetivo que se viene: subirme al auto mañana y arrancar en auto rumbo a Paraguay para encontrarme con Roberto y empezar a delinear nuestro futuro como entrenadores.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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